Se dice que en la época de los romanos una ardilla podía recorrer la península Ibérica de norte a sur sin bajarse de un árbol. De ser cierta esta historia hoy día sabemos de sobra que sería imposible.
No hace muchos años, cuatro o cinco, las ardillas era abundantísimas en nuestro termino municipal, llegándose a ver incluso en los lugares más insospechados de nuestra Villa como por ejemplo verlas recorrer un cable que unía el tejado de la Iglesia con una casa vecina. Las ardilla se veían, además de en nuestros pinares, en los jardines de las urbanizaciones que rodean nuestra Villa llegando incluso a las situadas más al sur como son El Peralejo y Solycampo.
En el jardín de mi casa las veía jugando entre las ramas de los tilos, ramas que recorrían a base de carreras y saltos de una habilidad asombrosa, recorrían las barandillas de madera de los balcones e incluso las más atrevidas y cotillas se acercaban a mirar por las ventanas a ver el interior de mi casa.
Un día, las echamos en falta no las veíamos ni por nuestro jardín ni por ningún otro de los alrededores. Tampoco por las urbanizaciones ni por los pinares.
¿Qué las había pasado? ¿Dónde se habían marchado?
Comencé a preguntar sin obtener una respuesta lógica de lo que había ocurrido con las ardillas de Miraflores.
Unos decían que eran un virus mortal que las había exterminado, otros que las capturaban para repoblar otros bosques e incluso los más atrevidos apuntaban a que la gente las cazaba para comer ¿sería por la crisis?
Hoy, de nuevo, he vuelto a ver las ardillas. De hecho llevo algunos media viéndolas de manera frecuente y para muestra que valgan estas fotografías hechas en mi jardín.
Espero que hayan vuelto para quedarse y que poco a poco vuelvan a colonizar todos los rincones de nuestra Villa brindándonos momentos entrañables con sus carreras y brincos, jugando entre ellas. Bienvenidas amigas Ardilla



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